domingo, 22 de abril de 2012


Teníamos un puñado de canciones de los '80 y un montón de rulos descontrolados. Nos volvíamos locas con los pantalones tiro alto y con Moura. Eramos las taradas que habíamos visto como nacía de nuevo la democracia. Eramos las desquiciadas que nos estábamos emborrachando por primera vez, buscando a nuestros príncipes azules en medio de callejones sucios y añejos, con olor a porro y botellas rotas.
Y un día crecimos de repente. No crecer como estábamos creciendo. Crecer de verdad, crecer en serio. Un día ella apareció con una panza gigante y la desilusión a cuestas. Con el recuerdo de un tipo que la había embarazado y después se había marchado caminando por esas veredas con caca de perro y huellas de almas asustadas por la hiperinflación.
No la volví a ver nunca más. Atrás habían quedado esas tardes de juegos de muñecas, de historias mágicas y golosinas. Yo estudié letras y ella aprendió a los golpes ser madre. Y así nuestras vidas se separaron. Las llamadas interminables ya se habían convertido en un recuerdo feliz de una época en donde no existía el tiempo, donde no existían las responsabilidades. Donde no existía el amor con condiciones, ni menos que menos los puchos tirados en el piso.
Un día la vi. Estábamos en veredas opuestas. Mi mejor amiga agarraba con fuerza a una pequeña criatura de trenzas y caries. Yo tenía mis libros y un Malboro de 20. Pensé que ambas compartíamos la soledad y ese dejo de melancolía. Y deseé escuchar una vez esas canciones de Virus que tanto amaba.  

viernes, 20 de abril de 2012

Tengo un problema con la sociedad. Soy intolerante con los intolerantes. Soy discriminadora de los discriminadores. Me da por las pelotas los comentarios sin fundamentos, el chupamedismo excesivo, la clásica y estúpida actitud de "soy copado, soy el mejor", tan típica del argentino promedio que no tiene ni la más mínima idea de lo que pasa alrededor de la pelusa que crece en su ombligo.
No me banco a los idiotas que dicen "Vamos a quemar la embajada británica". A los que hablan de Cristina como si fuese la Virgen María. Juro, juro que es algo que sinceramente no tolero.

Igualmente, Kicillof está re lindo.

martes, 10 de abril de 2012

Odio. Lo odio. Lo odio por ser tan gay. Lo odio por ser anticuado. Lo odio porque siempre me tiene que decir algo. Lo odio porque tiene granitos. Lo odio porque tiene un peinado a lo Justin Bieber. Lo odio porque le gusta Arjona. Lo odio porque discute mucho. Lo odio porque es un necio. Lo odio porque anda siempre indispuesto. Pero más que nada lo odio porque me hace quererlo y hacerme sentir una estúpida cada vez que estoy al lado de él.

sábado, 7 de abril de 2012

Creo que soy el claro ejemplo de la palabra "tarada". Me veo y digo "soy una tarada". Soy una tarada porque en el fondo profundo de mi ser, no tengo la más pálida idea de lo que quiero hacer en mi vida. Me vivo convenciendo de que yo soy diferente, que no soy como lo demás que se preocupan por cosas banales y aún así, pretendo entrar en la sociedad con mis uñas pintadas de rosa y con ganas de hacer muffins y cupcakes y todas esas cosas tan "Sex & the city". Dije, "banales". Pegate un tiro, Victoria.

Es sábado santo, hay mucho viento, está todo enquilombado y tengo que hacer un resumen de literatura.

viernes, 6 de abril de 2012

Es como que ya me importa un pito todo. No voy a negar mi naturaleza. No voy a negar que amo muchas cosas. No voy a esconderme más, me cansé. Loca, dentro de unos 5 meses cumplo 18. No da para esconderse más. Pero el año que viene, llego con los vientos del sur y aroma a chacra a Capital. Y tal vez, tal vez, encuentre a alguien como yo. O no.

martes, 3 de abril de 2012

Hola sí, odio los martes

Tengo miedo y empiezo a temblar. Me pongo a pensar en cosas mientras ando en bici, llenándome del humo que emanan los camiones y enojandome con los estúpidos que andan en contramano. Pienso en lo qué es mi vida ahora, en lo que mi vida fue, y en lo que mi vida será. El pasado me gusta, el futuro también; pero el presente deja mucho que desear. Gente estúpida que se interpone en mi vida. Gente que acota estupideces. Y yo siendo una tarada que se preocupa por los demás.
Después de enojarme con la vida decido que voy a hacer. Definitivamente si quieren que los opere del corazón, voy a tener que negarme. A vos por hacer comentarios colgados, a vos por tu voz de pito y tu manía de ponerme de mal humor, y a vos, por decir que corto mal los pases y soy mala en handball. Ay, cómo los amo.