jueves, 26 de enero de 2012

Corrida

Las frías calles parecían hacerse cada vez más largas. No podía entender porque este Agosto había sido tan frío. Parecía que mis huesos se habían vuelto de hielo y que el vapor que salía por mi boca se iba a condesar, formando copos de nieve.
No me gustaba irme a mi casa de noche y más con este frío tremendo. Pero no tenía auto y mi bicicleta había sido robada. Vivía en un vecindario de porquería, de esos que cada dos por tres eran escenario de algún asesinato o de algún allanamiento. Y tenía miedo, dios mío, que miedo tenía.
Las sombras me rodeaban, y los faroles se iban apagando a cada paso que daba. Los ruidos de animales se convertían en sonidos aislados. No sabías de donde salían y eso me daba terror. De pronto, me daban ganas de hablarle a mi madre, muerta hace un año. Pero no, no se pueden llamar a los muertos cuando estás pensando en la posibilidad de que te conviertan en uno.
Los edificios descuidados me resultaban tan aterradores que ya me estaba trastornado. ¿Por qué a veces una persona puede llegar a la locura por una sola mala noche? Tenía que llegar a mi casa, de eso estaba seguro. Pero la casa no estaba. ¿Cómo puede ser posible esto? Ya tendría que haber llegado y encontrarme con mi viejo y mi hermana.
Cada paso que daba me alejaba más de mi hogar. El frío me estaba volviendo tonto, sentía que me iba a morir en una de estas calles vacías del conurbano. O que en su defecto, uno de esos ladrones me iba a disparar a quemarropa y que finalmente, que mi cadáver iba a ser protagonista de la noticia del día. Ya me imaginaba el titular de Crónica. No, no, ese pensamiento es demasiado irracional. Ya iba a llegar, seguramente el miedo me esta haciendo creer que no iba a llegar a destino.
Los segundos pasaban rápidamente, y yo ya no caminaba, corría. Corría con mi vida. Atravesaba el barrio con la agilidad de un atleta olímpico. Las fachadas de los edificos, viejas y destruidas eran testigos de mi corrida. Era la carrera de mi vida. Una carrera contra el terror, contra el frío, contra la cruda verdad. ¿Por qué tenía que estar solo en esta noche que parecía tan traicionera?
Y caí. Me caí. Mis rodillas estaban gravemente lastimadas, la sangre me rodeaba. La vereda se había convertido en mi destino. Dejé que la suerte decidiera que era lo mejor para mí. Mi cabeza, dormida, se decidió por hacerme cerrar los ojos y esperar. La muerte seguramente me iba a buscar.
Desperté. Y los recuerdos de un mal sueño fueron el alivio para mí.


miércoles, 18 de enero de 2012

I'm not a princess, this ain't a fairy tale

Tengo el defecto de enamorarme en los libros. Es una gran defecto, porque no me voy a encontrar con un Darcy a la vuelta de la esquina o con Rochester mientras compro un kilo de papas. Además hay que pensar que si un chico viene vestido de esa manera y con importantes patillas sobre su cara, sería tildado de "raro". Se ganaría mi amor absoluto; de eso no hay duda.


Las mujeres tenemos ese problema. Idealizamos bastante las cosas. No sé a que se debe. Nuestra cabeza es capaz de inventar preciosas historias de amor que terminan en casamiento, con sólo ver a una persona que nos gusta. A veces me pregunto si está bien eso. Ilusionarse es lindo, pero es fea la caída. A veces inventamos principes de la nada, y de repente, nos encontramos que esa persona ideal, se convirtió en alguien desagradable. Tal vez siempre lo fue, pero nunca lo vimos.
Personalmente, yo intento hacerme pasar por una chica que no se enamora fácilmente, que no se ilusiona. Pero señores, soy mujer y sí, me ilusiono. Me rompo el corazón en miles de pedacitos y encima me lleno de películas romanticas y libros que sólo intentan empeorar mi enamoramiento.
¿Seré tonta? ¿Seré ingenua? No sé, pero unos de mis sueños es encontrar al amor de mi vida, que me quiera y me proteja, tal como lo hacen Darcy con Lizzy y Rochester con Jane.


miércoles, 11 de enero de 2012

Es sólo un momento

Son simples momentos. El poder abrir los ojos a la mañana, después de un hermoso sueño que como todos los hermosos sueños, sabemos que nunca se cumplirá. El olor del café recién hecho o en su defecto, el recalentado en el microondas. El sol quemando nuestras pestañas, intentando enceguecernos durante nuestra ida al colegio o al trabajo. Son simples momentos.
También es un simple momento aquél en donde no dejas que tus lagrimas acechen tus cachetes. Cuando escuchás "esa" canción que te hace acordar a "esa" persona en particular. A veces la gente elige canciones hermosas para acordarse de ciertas personas. Luego, cuando todo lo lindo se perdió, no pueden escuchar aquella melodía sin decir una puteada. Lo mal que hacen.
Los simples momentos, a veces, nos obligan a la melancolía o a la nostalgia. No sé porqué será. ¿Tal vez es porque uno no valora lo que tiene? No, me obligué a mi misma a no citar esos clichés. Y también me obligué a escribir con palabras fáciles. Por lo visto no cumplí ninguna de mis dos obligaciones.
Escribir lo considero un simple momento. Un momento alegre, o no tanto. Un momento que parece carecer de la mínima importancia. Tal vez dentro de tres meses escriba de nuevo. Por que así son los simples momentos, merecen ser olvidados un tiempo para volver a ser valorados. Aunque creo que nunca me voy a olvidar del placer de oler el perfume a café recién hecho de mi casa.