lunes, 20 de febrero de 2012

SPM y mal humor = entrada para el blog

No soy de esas chicas que se la pasan de mal humor. Bueno, tal vez esté mintiendo un toque. Cuando tengo mal humor, tengo mal humor. Es un hecho, se pudre todo. Sólo me puede salvar una taza de café con leche calentita con Oreos. Pero generalmente ese día, sólo hay un pedazo de pan seco y un poco de dulce. Y yo, odio el dulce.
Mi mal humor no se produce por una mañana en la que dormí mal, por alguna cosa que tuve que estudiar o cosas así. Mi mal humor se genera cuando la gente es pelotuda, y aún sabiendo que deberían evitar realizar acciones pelotudas, las realizan igual, ¿por qué?. Por qué son pelotudas. Y una se pone así, obviamente, es inevitable contagiarse de toda la estupidez que te rodea. Entonces te ponés de mal humor. Amenazás con dormir una larga siesta y que el mundo se ocupe de sus asuntos solo, pero, ups, te das cuenta de que tenés miles de actividades ese día. No podés dormir siesta. Recorcholís.
Me pone de mal humor mi mala suerte. La manía que tengo por caerme en cualquier lugar y de tropezar con absolutamente toda vereda con imperfecciones y con toda aquella baldosa salida de lugar. Soy torpe. Soy torpe con la vida, soy torpe con las palabras. Digo cosas que están fuera de lugar y en vez de arreglarlo, lo embarro. Soy media boluda, es un pequeño don que tengo. Y saber que tengo ese grandisimo defecto me pone de mal humor.
Me pone de mal humor mi desordén, la manpia que tengo de no deshacerme de las cosas. De tener que retenerlas aún sabiendo que están al pedo ahí. Siempre me pasa. Y lo odio, puedo jurar que odio tener que guardar desde libretitas, juguetitos, hasta sentimientos más profundos. Y acá debo dejar lugar para una serie de puntos suspensivos.
Bueno, la cuestión es que casi todo me pone de mal humor. Pero ser así es genial, odio a la gente que está feliz siempre. Dios mío, enojate por algo. Así que si, me enorgullece ser totalmente malhumorada.

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