Muchas de las cosas en mi vida dependen de los dilemas que tengo con ella. Es cómo que siempre me enfrento con pequeños duelos entre mi corazón y mi cabeza. Muchas veces mi cabeza es mucho más poderosa que mi pobre corazón, que muchas veces sólo sirve para bombear sangre. Y otras veces, éste se vuelve loco de contento cuando por fin me decido a perseguir mis sueños. Bueno, tampoco tuve unos sueños "guau", pero tarde o temprano los cumplo.
Es que todo, aunque no lo parezca, merece una discusión. Día a día me debato si esta bien o mal, si está permitido o prohibido. Hasta cocinar, uno de mis hobbies, se convierte en un problema. Qué mucha sal, qué poca pimienta, que va a quedar muy condimentado, que va a quedar soso, y así una larga lista. No tan indecisa cómo la manera en la que me describo, no tardo en decidirme, pero siempre decido con el miedo de arrepentirme a último momento. O me decido afirmando, muchas veces sin ningún tipo de razón, que algo malo va a pasar. Y sí, lo mío es ser negativa con muchas ganas.
Y es así que me paso por la vida, hablando sola. Discutiendo acaloradamente en mis adentros. Pensando más de lo debido, por el sólo hecho de pensar. A veces es al pedo, uno debería arriesgarse y listo, pero el problema es que arrepentirse en un jodido quilombo que siempre está bueno evitar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario