Esto asusta. Asusta y mucho. Asusta en el sentido en que uno no sabe cómo su destino está escrito. Tenés esa incertidumbre de no saber si mañana te va a atropellar o un camión o vas a encontrar al amor de tu vida. Y asusta. Mierda, asusta mucho.
Asusta saber que el fracaso está a la vuelta de la esquina, y uno está indefenso. Asusta no saber cuál es el momento indicado ni cual es la suerte del día de mañana.
Y bueno, no quiero que esto termine siendo una especie de reflexión como las que no me gusta hacer, ni me gusta leer. No, no me gusta las frases de autoayuda, no necesito leer a alguien para darme auto palmaditas en el hombro. Pero siempre estamos en peligro de convertirnos en Coelho.
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